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Isabel se puso su suéter favorito.
El hielo hacía dibujos sobre el lado interno de la ventana y trepaba por los barrotes de la cama.
La familia de Isabel, no podían comprar juguetes, ropa, consumir atracciones, como ir al cine, al teatro, pero Isabel no se preocupaba por lo que no tenía.
Isabel era una nena rodeada de amor y contención por su familia y al fin y al cabo eso era todo lo que le importaba a Isabel. Pero un día no pudieron pagar más el alquiler de su actual casa y tuvieron que mudarse al otro lado de la ciudad y por primera vez Isabel se sintió triste.
Esta parte de la ciudad era oscura, fría, había muchas personas, todas iban muy bien vestidas que la ignoraban por completo, tal fue así que Isabel empezó a desaparecer y se hizo invisible.
Ahora con esta nueva forma descubrió que no era la única, había muchas personas invisibles y solas, así que Isabel decidió ayudarlas a cada una, y algo mágico pasó… ¿Se imaginan que puede ser?
Invisible llegó como un grito social, que dice “Tú importas” como dice el autor en su nota.
Es una historia que representa la vida del 50% de la población infantil de nuestro país. Si bien Tom Percival, el autor de Invisible es inglés y él escribió este cuento recordando su infancia y pensando en los cuatro millones de chicos, chicas y chiques que viven en la pobreza en Inglaterra.
Invisible está dirigido a todas las personas que no tienen, para comer, que no tienen útiles para ir a la escuela, que no tienen ropa, que están cansadas, que son pobres.
Invisible también se dirige a la otra parte de la sociedad, la que tenemos posibilidades de comer, de trabajar, nos invita a que empecemos a ver a esa parte de la sociedad que están en las veredas, en las calles, porque solo cuando las empecemos a ver dejarán de ser INVISIBLES.
