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Igor esperaba con ansía la primavera para sumarse al coro de las demás aves y entonar las más bellas melodías de la estación más florida del año. Cuándo llegó la primavera el pequeño pájaro entonó con toda su alma las primeras notas y para sorpresa de todos, las notas no eran esas, su forma de cantar era estridente, a destiempo.
Igor es un pájaro que según todos no sabe cantar.
Igor, luego de tantos intentos frustrados de intentar aprender a cantar como a todos le gustaba y no lograr el objetivo, se termina yendo de su hábitat frustrado y odiando eso que tanto ama: la música. A donde Igor iba la música estaba ahí, y en ese viaje había estilos de música diferentes, pero el pájaro tan angustiado no podía apreciar aquello, así que llegó a un lugar donde sólo habitaba el silencio (Les cuento un secreto… El silencio es parte fundamental de la música) Igor, observó el lugar, lo noto tan silencioso, que decidió quedarse, se posó sobre una roca y vivió ahí rodeado del silencio.
Hasta que un buen día, a Igor le dió muchas ganas de cantar, miró hacia a su alrededor para asegurarse de estar solo, y fue ahí que largo todo su canto contenido de tal manera que despertó al Dodo que posaba debajo de él. ¡Sí, la supuesta roca en la cual se posó Igor era nada más y nada menos que Dodo!
Este cuento tiene varios temas que me parece importante conversar:
1- En la música como en la sociedad, a veces, las cosas se tornan un poco bastante estructuradas, hay que cumplir con ciertos parámetros para pertenecer a ciertos grupos de amistades, de estudio, de trabajo. A veces se pone tan turbia la cosa que los/as/es rechazados/as/es se terminan excluyendo de todo, y terminan migrando como el pájaro Igor.
2- Si le brindamos la seguridad y el autoestima necesario a nuestros/as/es hijos/as/es le facilitamos el avance en todo lo que se proponga, si les enseñamos a nuestros/as/es hijos/as/es a ser empáticos/as/es con su par ante cualquier adversidad que presente su par, le estamos dando herramientas para que desde ahora sean más permeables a colaborar, solidarizarse con diferentes situaciones que se puedan presentar.
3-La música es siempre música, no excluye, por lo contrario nos abraza a todos/as/es que deseamos tocarla, y a los/as/es le gusta escucharla, bailarla. Nos puede gustar más, nos puede gustar menos, habrá música más acorde a las edades de nuestros/as/es peque. Música que quizás no escucharemos en casa pero que si salimos a una fiesta (Levante la mano le mapadre con esa suerte) la bailamos.
Una vez más @satoshikitamura nos enamora con su narrativa simple y profunda, como pocas.
Texto: Eri B.
